Recreación del centro histórico de Rosario Por Agrimensor Juan Manuel Castagnino

Diario La Capital- Jueves, 17 de mayo de 2012


Recreación del centro histórico de Rosario

Tienen centro histórico ciudades fundadas por españoles como Córdoba y Salta, que exhiben sus hermosos cabildos e iglesias frente a la plaza principal, donde gobernadores y cabildantes les...

Por Juan Manuel Castagnino (*)

Tienen centro histórico ciudades fundadas por españoles como Córdoba y Salta, que exhiben sus hermosos cabildos e iglesias frente a la plaza principal, donde gobernadores y cabildantes les dieron larga tradición histórica.
Rosario es muy diferente. Es hora de recordar que no tuvo fundador español ni cabildo. Nació espontáneamente siendo la más bella flor silvestre de nuestra pampa llamada Pago de los Arroyos, que ya en 1725 —y cuatro veces más— gobernó su primer Alcalde don Francisco Frías; Pago de los Arroyos donde en 1730 Domingo Gómez Recio levantó su capilla de paredes de barro techadas con mazos de paja de la isla. Apenas un año después, en 1731, se entronizó ahí la imagen de la Virgen del Rosario, que para siempre nos dio su nombre, en el mismo sitio de la actual Catedral, siendo su primer párroco el Presbítero don Ambrosio Alzugaray Gómez Recio. Después de 1741 Santiago Montenegro ampliaría la capilla y en 1757 regularizaría todo donando el terreno donde ya estaba construida desde 1730.
Rosario tuvo desde siempre también el imán del progreso por su envidiado puerto natural, diferente de todos. Tuvo de paredes de barro y paja de la isla su propio centro histórico diferente de todos, sin ornamentaciones en su digna pobreza, pero bien criollo del Paraná, bien rosarino, bien americano, centro histórico que hoy deberíamos declarar oficialmente recreado por las autoridades municipales para honrar la historia rosarina y argentina.
Nuestro centro histórico rectangular tenía frente a la plaza principal. Estaba formado por la capilla en las actuales Buenos Aires esquina Córdoba (hoy la Catedral), luego nuestra primer aula escolar (una placa recuerda la enseñanza) y por último el sitio de los Alcaldes (luego Juzgado de Paz) en la otra esquina de Buenos Aires con Santa Fe (hoy la Municipalidad). Su fondo era terreno baldío hasta la barranca del Paraná, justo donde, dentro del fondo baldío de nuestro centro histórico, el prócer Manuel Belgrano crearía en 1812 la Bandera Nacional que por su orden sería izada en el mástil por el Regidor don Cosme Maciel (hoy Monumento Nacional a la Bandera).
Resulta entonces que ambos costados del rectángulo histórico están delimitados por cortos segmentos de dos cuadras y fracción de Córdoba y de Santa Fe a partir de Buenos Aires hacia la barranca (hoy Avenida Belgrano).
Para perfeccionar la recreación oficial del centro histórico consideramos que esos cortos segmentos de Córdoba y Santa Fe deberían llamarse "Presbítero Ambrosio Alzugaray", que fue además nuestro primer maestro, y "Francisco Frías", respectivamente.
Sabido es que proponer la designación de nombres de personas a espacios públicos implica considerar antes la medida de su contribución "a la identidad de la ciudad", según las ordenanzas 4473/1988 y 7412/2002.
En este sentido todo está allanado. La ciudad ya reconoció los méritos de ambos pues dio sus nombres a dos calles paralelas que a su vez cortan a la avenida San Martín al 6400/6500, es decir a unos siete kilómetros del centro histórico, cuyas designaciones deberían entonces ser anuladas para que no haya doble nombres de calles.
Pero por ello, no se cometa el error de empequeñecer considerando que se trata de una cuestión de mera nomenclatura municipal de calles. Sería desnaturalizar la recreación del centro histórico para no elevarse a las alturas de la historia rosarina.
Con el centro histórico recreado el pueblo hablará orgulloso de nuestro origen en 1730. También hablará de la real personalidad de nuestro digno Rosario, maltratado sin respeto alguno, tanto que lo llamaron "mísero pueblo" olvidando que durante años, concordantes con el desarrollo de la época, era el único punto civilizado y además puerto natural y la "cabeza histórica" en toda la enorme extensión de nuestro Pago de los Arroyos. Ello sin contar que Rosario fue el único pueblo mártir incendiado por Balcarce en su retirada de derrotado en 1819, durante los cinco años de luchas armadas para lograr la creación de la provincia de Santa Fe segregada de la de Buenos Aires que, con los Directores Supremos porteños, no aceptaban esta segregación, luchas en las que intervinieron los bravos "Colorados de Rosario" comandados por Juan Antonio García.
Basta de olvidar o descuidar el alma rosarina, bien criolla y bien federal anterior al año 1840. Fijamos este año pues recordamos que 1840 inicia los decenios del notable empuje de los italianos y de otras nacionalidades atraídas por el puerto natural del Paraná, su ubicación geográfica y su pampa, que afincándose se incorporaron e influyeron en nuestra historia especial bendiciendo el trabajo, la cultura y el progreso rosarino y del Pago de los Arroyos. No perdamos la oportunidad pues urge reivindicar nuestra rica y noble historia rosarina.

(*) Agrimensor,
Presidente del Instituto
Belgraniano de Rosario 2007-2009




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